miércoles, 2 de septiembre de 2026

Miércoles 2 de septiembre 2006 Preparamos la vuelta a la escuela (Familias)

 

Todos los niños y jóvenes son diferentes, y entre los que presentan altas capacidades también encontramos muchas diferencias. No únicamente en el aspecto cognitivo que nos puede llevar a talentos simples, compuestos o superdotación sino que esta inteligencia se mezcla con: cómo es cada cual, lo que ha vivido, y sobre todo, cómo lo ha vivido. La diversidad está asegurada. Por eso, muy a menudo, hablaremos de una manera de vivir y de su contraria; porque todo puede ser cierto dentro del mundo de las personas con altas capacidades.

 

Podemos tener un primer grupo de niños o jóvenes que ya hace tiempo que cuentan los días que faltan para empezar la escuela. Lo hacen con aquella ilusión de quien quiere volver a ver al maestro, a los compañeros, o de quienes necesitan una rutina que viven con pasión. Quizás son aquellos que empiezan en un centro nuevo o que tienen un cambio importante, pasan a ser los mayores de la escuela, cambian de patio o de actividades. El primer grupo diríamos que están en una cuenta atrás ilusionada, y a medida que se acerque “el gran día” pueden hacer incluso un pico de ansiedad por aproximación. Tienen grandes expectativas y quizás los primeros días de curso, cuando algunas de ellas no se cumplan, les tendremos que recoger con una pala... Recuerdo una niña de Infantil 3 años que me llamó el tercer día de clase y me dijo: “La escuela de los mayores no es lo que yo esperaba! Las maestras cantan, los niños lloran, no han explicado nada interesante, no nos han puesto deberes... y todavía nadie me ha hablado de los números mayúsculos!”. Pobrecita, en el mejor de los casos le quedaban trece años de escuela y ya estaba desencantada el tercer día....

 

Un segundo grupo podrían ser los “políticamente correctos”. No les apasiona la escuela pero saben que los adultos se han puesto de acuerdo en que hay que ir. Quizás preferirían quedarse en casa pero no harán un problema de una lucha en la que tienen todas las de perder. Gustar a sus adultos, mantener las normas son su manera de vivir. Y como decía aquel Presidente de la Generalitat en el programa Polònia de sátira política en la televisión catalana... todo “con ilusión” o no, pero si es que no, ellos no nos lo mostrarán. Participarán en las compras y preparaciones previas al inicio de curso. Esconden los problemas bajo la alfombra y son peligrosos porque como adultos responsables necesitamos que entiendan que sus incomodidades no son errores suyos ni de los otros, a menudo son cosas que se pueden trabajar pero necesitamos saberlas. La comunicación es esencial pero les cuesta mucho porque aplastan con sus razonamientos. Una niña de Primero de Primaria decía “La señorita ha estudiado y me quiere, ¿cómo tengo que decirle que hay cosas que me gustaría que fueran diferentes? Ella lo hace especialmente para mí, ella sabe...” Nos costó años que viera que no se trataba de decir lo que su maestra hacía mal sino aquello en lo que podía mejorar ajustándolo a sus necesidades... porque su maestra no tenía toda la información, no tenía el punto de vista de la niña, y no lo tendría nunca si ella no lo daba.

 

Un tercer grupo pueden ser los que quisieran evitar la vuelta a la escuela porque hay toda una serie de cosas que les hacen daño, que les duelen. En el ámbito cognitivo: la lentitud de llegada de los conocimientos, la espera constante, la carencia de escalado en la dificultad de las propuestas de ejercicios, la repetición de ejercicios muy parecidos, la rigidez, las indicaciones... Para otros, las dificultades no son tan cognitivas (porque se han adaptado o no les dan tanta importancia) sino sociales: la mirada de los otros, la presión social, el aislamiento voluntario o no deseado, la diferencia de intereses, la necesidad de contacto físico a menudo mal leída, la necesidad de comunicar que hace que se hagan pesados con sus obsesiones... Algunos de estos niños o jóvenes podrían evitar hablar de la vuelta a la escuela hasta que sea imprescindible, pueden prepararlo todo pero tenerlo escondido o esperar a preparar en el último momento con la tensión familiar que puede suponer.

 

Y si hablamos de la etapa adolescente sabemos lo importando que es ser un mismo o formar parte del grupo. Cada cual tiene sus preferencias pero ser diferente ya saben que tiene consecuencias. Quizás hay que estar a su lado y conseguir que nos explique qué quiere hacer, como quiere hacerlo... ya sabéis que el mejor momento para hablar es aquel en el cual baja la guardia: en un paseo  uno al lado del otro, en el coche, secándose los cabellos, en la cocina, haciendo bricolaje o actividades manuales, antes de ir a dormir.... Tenemos que encontrar el momento y cuidar este momento para que se pueda repetir. La comunicación es esencial y sólo se dará si se sienten seguros, cómodos y no enjuiciados... Los padres tenemos que trabajar para que estos momentos sean posibles, los tenemos que provocar... No son únicamente para los adolescentes, la comunicación es esencial para todos y todas.

 

Con la llegada del mes de septiembre podemos empezar a poner modo “curso” y dar por acabadas las vacaciones poco a poco... Hay que reiniciar unas rutinas que han sido modificadas por el periodo estival y que son beneficiosas en áreas muy diferentes desde la autonomía o la autoregulación hasta la salud.

 

Podemos empezar yendo hacia el horario escolar, cuadrando la hora de ir acostarse y de levantarse, para que este tema logístico no se convierta en un problema añadido. Iremos preparando las tareas que se pueden automatizar: desayunos, ropa de deporte, desplazamientos... cómo lo haremos en este nuevo curso. Preparar los materiales, es otro punto importante. No se trata de comprarlo todo nuevo sino de tener todo lo que necesite y que sea operativo. Seguramente ya tenemos las extraescolares pensadas y algunas empiezan esta semana. Quizás otras todavía están ajustando horarios y no las tenemos todavía encajadas. Más logística para ir trabajando…

 

En todos los casos sería muy bueno que pudieran conocer el tutor o la tutora antes de empezar el curso. Una pequeña sesión para confirmar que nos entenderemos y trabajaremos juntos todo el curso. Que sabe que tenemos necesidades educativas especiales al alta y que la primera es la necesidad de un buen vínculo y entendernos con una mirada; y que sea receptivo si tenemos que salir de clase un momento para autorregularnos. Esto hará que el niño o joven empiece con más tranquilidad y seguridad.