Hay expresiones que a pesar de no tener fundamento, a veces,
duelen. Las personas que usan la expresión: “es que le estimuláis demasiado”
refiriéndose a aquel niño lleno de curiosidad que absorbe información de todas partes,
que relaciona todo lo que le cae en las manos, que recuerda y aplica
correctamente expresiones poco habituales... son personas que no conocen las
altas capacidades y no saben de lo que hablan. Tienen en la mente el prototipo
de niño medio (el que de hecho no existe) mezclado con el ideal del niño de una
edad determinada y se encuentran ante un niño que no encaja en este marco y
todo lo que se les ocurre es que la diferencia viene dada porque la familia
está hiperestimulando al niño.
Nada más lejos de la realidad. Tenemos un niño que es muy
curioso, pregunta y escucha la respuesta. No le sirve cualquier respuesta (ni
un “porque sí”, ni un “siempre se ha hecho así”) porque es muy posible que a
partir de esta respuesta aparezcan otra pregunta o un montón de preguntas.
Nunca pregunta por preguntar, ni para perder el tiempo, pregunta para saber,
para aprender, porque le interesa, porque no lo ve claro, porque le observa
cosas que no le encajan... El motor no son los padres, los padres corren
apagando fuegos y tienen un hijo que los enciende con mucha facilidad.
Curiosidad; pasión; intensidad; necesidad de conocer a fondo, no de manera
superficial... y todo en Mayúsculas, porque ellos y ellas, no tienen
minúsculas, son XXL aunque sean todavía muy pequeños.
Cuando un niño de menos de cuatro años quiere saber qué
número es infinito (sin padres matemáticos), por qué hay gente que dice que la
tierra es plana, donde vamos cuando nos morimos, o dice que quiere ser
vulcanólogo… no es por estimulación externa. Tiene una manera de mirar el mundo
peculiar, y de relacionarse con el mundo y con los que le rodean. Son
diferentes de los que han nacido su mismo año. Tienen intereses diferentes, se
formulan preguntas sin antecedentes que
otros se harán años después y siempre con antecedentes (una explicación, la
muerte de una mascota...).
Si estimulándolos consiguiéramos altas capacidades habría
familias muy contentas, las que no tienen hijos de altas capacidades pero
querrían tenerlos. Pero no se puede. Podemos dar conocimientos pero no podemos
hacer que relacionen, apliquen, conecten a la velocidad y profundidad que lo
hacen los niños de altas capacidades. No podemos conseguir su memoria de
elefante pero podemos mejorar mucho la nuestra. Podemos mejorar su memoria de
trabajo pero no conseguir que la apliquen porque ante una pregunta se les abren
miles de posibilidades y tendrán que entrenar mucho el foco y trabajarlo para
conseguir un orden y preparar una lista de prioridades y de espera para después
o para mañana. Las altas capacidades no se pueden entrenar pero sí que tenemos
la obligación de acompañarles para que vivan una situación y no un problema
irresoluble que les aleje irremediable del mundo y de los demás.
Si alguien (docente, familia, amigo o conocido) usa esta
expresión, os recomiendo que dibujéis una sonrisa discreta y os retiréis. Si no lo
podéis hacer, asumid que necesitaréis mucha paciencia porque esta tontería
suele preceder otras mayores que nos indicarán que esta persona vive entre
mitos creídos como verdades absolutas sin contrastar y tendréis mucho trabajo
para explicarle lo que tienen delante.






