Los juegos de mesa dan mucho juego: aprender a seguir
normas (cuando nos van bien y cuando no); proponer normas nuevas; crear
estrategias; aprender a ganar, a perder, a colaborar; usar la impulsividad o
tenerla que frenar; tener iniciativa o imaginación y conseguir que los otros te
entiendan... hay juegos para todo. Son una fuente de buenos ratos.
Los juegos de mesa nos permiten un tiempo de desconexión
digital fomentando una experiencia táctil, verbal o manipulativa. Muchos están
alejados de las máquinas. Con los dados y las fichas, o con un lápiz y una
libreta nos proponen un buen rato de diversión. Hoy algunos juegos de mesa usan
tecnología, como el “Hitster” que nos permite sentir las canciones por después
poder adivinar nombre, intérprete y año.
Los juegos de mesa nos permiten un tiempo de conexión
social: en familia, con los amigos... Estar presente en este momento sin otras
preocupaciones que el juego, sentarse al lado o ante alguien, mirar de
conectar, establecer alianzas y estrategias o mantener tu posición. Hay juegos
para todos los gustos.
En un tiempo en el que pagamos por uso y hacemos
suscripciones; los juegos representan una posesión preciada que podemos
compartir a lo largo de los años sin obsolescencia programada. El armario de
los juegos es un espacio especial que nos dice cómo se vive o cómo se quiere
vivir en una casa.
Los juegos de mesa son una fuente de gasolina mental. Los
hay para todas las edades y número de jugadores. Nos pueden proponer retos
intelectuales, fomentar la memoria, la velocidad, la habilidad, competir o
colaborar, analizar, inferir, crear estrategias y sinergias... Entrar en una
tienda de juegos es vivir una sobrestimulación total porque los hay de todo
tipo, para todos los gustos y colores. La palabra que los puede definir es como
a las personas: diversidad.
Los niños de altas capacidades, como todos, necesitan jugar.
Necesitan tiempo de juego libre y poder disfrutar de él.
Para algunos es más importante preparar el escenario que jugar propiamente. Su
juego puede consistir en preparar el escenario. Es interesante respetar este
desorden que vemos desde fuera pero que él /ella entiende perfectamente. Había
una casa a la que venía una persona a ayudar con la limpieza los miércoles. La
norma era que martes por la noche tenía que estar todo recogido para que el miércoles se pudiera limpiar. Cuando se concretó
esta norma se acabaron todas las discusiones de jueves, viernes pidiendo un
suelo limpio, cuando no era imprescindible. Tenemos que aprender a decidir las
batallas que libramos.
También necesitan tiempo de juego regulado, y aquí entran
los juegos de mesa. Unos son de azar y otros de estrategia. A menudo, en la
vida están acostumbrados a ganar sin esfuerzo (sobre todo en la escuela). En
los juegos puede ser la primera vez que encuentran contrariedades. Les tenemos
que enseñar que no se acaba el mundo. Y no les tendríamos que dejar ganar para que
no se enfaden, ni humillarlos para que aprendan. Nuevamente aparece el
equilibrio, y en el centro está la virtud – como decían los clásicos.
No es fácil seguir normas cuando quieren hacer “la suya”,
cuando ven claro lo que les beneficia... pero es un gran aprendizaje para la
vida.
Los juegos de mesa tendrían que ser un tiempo buscado,
preparado, disfrutado con los amigos y la familia. Se acercan las vacaciones y
tendremos más tiempo... ¿os apuntáis?






