Hace muchos años la muerte sucedía en casa, se velaba en
casa y los rituales de despedida empezaban en la propia casa. En la actualidad
la mayoría de muertes pasan en los hospitales o en accidentes y las despedidas
se hacen en tanatorios, unos espacios protectores que acompañan un luto
contenido del cual a menudo se aleja a los niños.
Desde el momento de la concepción, la muerte es la única
certeza que tenemos los seres vivos. Es un hecho individual y a la vez
comunitario, porque nos afecta personalmente y como grupo, como seres sociales
que somos. Independientemente de las creencias de cada cual es evidente que deberíamos
integrar el proceso de pérdida en la vida. La muerte es la única certeza, pero
aun así mucha gente no quiere hablar de ella, no quiere pensar en ella. Muchos
hacen como la avestruz, esconden la cabeza y piensan que la muerte no les verá
y pasará de largo de ellos y de su entorno más próximo... Spoiler, ¡no es
cierto!
Los niños y niñas de altas capacidades disfrutan aprendiendo,
pensando, descubriendo, infiriendo... partiendo de la observación, haciendo
relaciones... Muchos niños llegan al tema de la muerte sin que haya un detonante
directo (sin ninguna muerte próxima). Muchas madres sufren el momento de la
pregunta directa: “Mamá, ¿tú te morirás?” Y ya sabemos que con ellos no sirven
las mentiras ni las respuestas a medias y mucho menos rehuir las respuestas...
La respuesta es clara: “Sí, hijo, me moriré. Espero que no será pronto, espero
que ocurra dentro de muchos años...” Y la terrible pregunta: “Y yo, ¿también moriré?”.
Quizás todavía no tiene cinco años pero la existencia es uno de sus grandes
temas de pensamiento. Muchos no tienen filtro y lo notaremos cuando lleguen a
casa la abuela y suelten... “aprovecha abuela, !que te queda poco tiempo!”. Suerte
que tenemos abuelas que saben salir del paso con un “Ei, que yo ya llevo muy
vivido, pero no tengo ganas de marchar. No sufras, ¡aprovecharemos hasta el
final!”.
Cómo es el momento de la muerte, y que pasa después de
morir... algunos hacen mil preguntas, otros reflexionan y buscan respuestas de
mil maneras en el cine, el teatro, en los cuentos, en los documentales de
naturaleza... Debemos responder siempre que preguntan pero no hay que ir más
allá. Si necesitan más, nos lo dirán. Tienen que tener claro que nos pueden
preguntar. No tenemos todas las respuestas pero las buscaremos juntos. La parte
física es más objetiva, pero cuando entramos en la parte de las creencias hay
que presentar las nuestras y explicar que en el mundo hay muchas explicaciones
posibles. Las creencias son muchas y muy variadas: desde las religiones que
tienen una visión lineal del tiempo como el islam, el judaísmo o el
cristianismo; hasta las que tienen uno una visión cíclica del tiempo en el que
aparecen las reencarnaciones como el budismo o el hinduismo. También debemos
que tener en cuenta que otros piensan que la muerte es el final, un punto final,
opinión muy frecuente en nuestro mundo dando lugar a despedidas laicas. Como
siempre, con los niños de altas capacidades tenemos que poner la lupa en ellos;
conocer sus necesidades, atenderlas y acompañarles.
Este tema, a veces, tal como llega...se va. Pero a
diferencia otros este queda latente porque se irá completando y construyendo a
partir de las pérdidas (no solo muertes) a lo largo de la vida. La parte
cognitiva siempre es más sencilla. La pena de la pérdida, únicamente de
pensamiento, puede hacer que se enganchen todavía más a las personas que quieren,
o que hagan alguna regresión volviendo a la cama de los padres cuando ya habían
marchado, o no queriendo separarse para hacer actividades que hasta ahora les
gustaban... hay que observar sus reacciones y decisiones, los cambios que se
produzcan sin hacer un problema. De inicio es una situación que tenemos que
acompañar. Hay que mantener siempre abiertos los canales y momentos de
comunicación sin convertirlo en el tema del mes. Será un tema que les acompañará
siempre y deben aprender a vivirlo con naturalidad, sin dramas ni miedos que
imposibiliten una vida plena. Su hipersensibilidad, su rigidez o la fuerte
necesidad de control les pueden jugar en contra, pero para eso estamos los
adultos que les queremos y los técnicos (en caso de que sean necesarios) para
acompañarles.
Este sábado 17 de octubre pude participar en Barcelona en la
Cuarta Jornada “Infancia, enfermedad y muerte en el ámbito educativo” en el
Hospital de San Pablo organizada por la Fundación de Oncología Infantil
Enriqueta Villavecchia. En ella, unos ponentes de primera línea y asistentes profesionales
de la Medicina, Pedagogía, Psicología, Magisterio, Docentes, expresaron con sus
experiencias que es imprescindible que este tema se trate con los niños y
jóvenes para que estén preparados por la vida. Hablar de conciencia de
mortalidad fue muy interesante sobre todo cuando se hace de manera preventiva,
sin dramas ni miedos. La conciencia de mortalidad tiene que estar presente no únicamente
cuando los hechos nos han desestabilizado. Y es cierto, hablar de la muerte
prepara para la vida, y para una vida plena y consciente. No era una jornada específica
para altas capacidades pero conecté con muchas personas y saqué muchas ideas
para trabajarlas con ellos, ellas y sus familias.




