Vemos el final del trimestre muy cerca, pero no llega.
Además, ahora ya hemos empezado a cerrar cosas, no aparecen elementos nuevos,
es el momento de ordenar las hojas y de preparar la carpeta del trimestre en
Infantil o en Primaria.
Algunos tienen la impresión que desde este momento empezamos
a intentar estirar el tiempo como si fuera un chicle. Únicamente quedan dos
horas, o una hora, de una materia concreta y vamos liquidando pero no acabamos
de cerrar. Cómo dice la canción “Dices que te vas, dices que te vas; pero no te
has ido”.
En una sociedad que valora tanto la inmediatez estos tiempos
de espera parecen anacrónicos.
A menudo los docentes parece que únicamente ponen el foco en
su materia y pierden la visión general. Cuando en la ESO cada hora entra un
profesor nuevo, hay veces que no se da una buena coordinación. Cada cual tiene
su punto de vista, que se traduce en una manera diferente a trabajar. Desde
quien pone el examen el último día, hasta quien saca el pie del gas la última
semana porque todo el mundo está cansado y ya se mascan las vacaciones. Estos
últimos días pierden la intensidad. Una hora estiran, otra aflojan, hay quien
ya no pone deberes, hay quién los pone sólo para hacer en clase, y quien aprovecha
para poner una película... y el tiempo descafeinado va creciendo.
Algunos alumnos hacen la reflexión: si se trabaja hasta el viernes...
¿por qué no trabajamos de verdad hasta el viernes? O hasta jueves, y el viernes
hacemos actividades de último día antes de vacaciones. Necesitan anticipación.
Tener claro qué pasará, y que pase. Las medias tintas no les gustan nada.
Estamos entrando en la última semana y algunos ya sufren
porque ahora no se acaba, y cuando volvemos, tocará hablar de las vacaciones y
repasar lo que ya sabemos en Infantil y en Primaria. Y ya resoplan por avanzado.
Realmente, no se sienten escuchados, y muchas veces no quieren hablar porque
creen que no servirá para nada. Hay que trabajar el vínculo con estos alumnos para
que se sientan escuchados y que lo que dicen es tenido en cuenta. No hace falta
que todo se ponga en marcha, pero sí que sea escuchado y valorado.
Quizás es el momento de preparar el terreno para la vuelta
de vacaciones. Si hay que poner un punto y seguido, y modificar las condiciones
para mejorar la situación, se puede hacer. El vínculo del tutor o tutora con el
alumno de altas capacidades nos tiene que permitir identificar las necesidades
de estos alumnos y perfilar la mejor intervención educativa. Crear expectativas
y hacer una sola cosa es mucho mejor que estar estancados en la nada.
¡Empezamos! Podemos empezar con poner en la agenda las
entrevistas sistemáticas de diez minutos semanales, de reloj. Pondremos una
alarma a los ocho minutos para poder cerrar a los diez. Es mejor poco y
sistemático que una sesión como una seta. Y ¿cuál es el objetivo de estas
sesiones? Crear la confianza, la escucha activa que él o ella necesita. Y ¿de
qué hablaremos en estas sesiones? Empezaremos por conocer al alumno, cómo
aprende, cómo se siente en clase, si necesita algo, cómo lo haremos para
comunicarnos cuando estemos en clase: mirada, sonreír, mano sobre el hombro...
Quizás hasta ahora no lo hemos hecho pero podemos empezar después de
vacaciones. Tomar nota de lo que hablamos nos permite llevar un registro y
repreguntar la semana siguiente.






