Hace un siglo teníamos muy pocas mujeres en la enseñanza
universitaria. Unas pioneras abrieron el camino que muchas años más tarde
seguimos sin plantearnos el privilegio que teníamos frente a tantas mujeres a
lo largo de la historia. Aun así, éramos mayoría en los mal llamados estudios
femeninos siempre alrededor de la educación y el cuidado de personas:
magisterio, enfermería, puericultura... Poco a poco, los chicos empezaron a
entrar en estos estudios y hoy ya no es extraño ver a chicos estudiando para
ser maestros de Educación Infantil.
Poco a poco, también, las chicas empezaron a entrar en los
estudios de ciencias y nuevamente tendremos pioneras a finales del siglo XX que
empezaban a poblar las aulas de arquitectura, telecomunicaciones, exactas,
ingenierías... Hoy, mientras las chicas son mayoría en carreras como psicología
(aprox. 75% en España) su presencia baja drásticamente hasta un 10-20% en
determinadas ingenierías y tecnologías. Mucha gente trabaja para fomentar el
interés femenino en investigación STEM.
Si a todo esto añadimos que a menudo las chicas están
infraidentificades en sus altas capacidades, nos encontramos en la situación
actual. Son las reinas del camuflaje. En Primaria, muchas prefieren pasar
desapercibidas en clase y se acostumbran a pasar hambre cognitiva y lo viven
como un mal menor. En muchos casos prefieren esta invisibilidad del “ya me va
bien”, cuando no es cierto, pero valoran más la inserción social, el encajar,
aunque no sea su lugar. Algunas crean una vida paralela. La mayoría dejan su
esencia en un cajón mientras viven su personaje. Un día, al cabo de los años,
se preguntan porque no están llenas y desde fuera lo vemos muy claro... porque
no son ellas mismas. De tanto hacer un papel han perdido su identidad, les
falta un trozo. Por eso trabajamos para acompañar a las niñas y jóvenes de
altas capacidades a nadar y guardar la ropa. A exponerse con cuidado, a
cuidarse pero no olvidarse de quienes son y de quiénes pueden llegar a ser.
Hoy en día, las referentes son personas como ellas, no
aquella Marie Curie abnegada, vestida de negro... mujeres del siglo XXI que
tienen el cabello corto, largo, rizado; que llevan gafas o no, que hablan
idiomas, que se conectan, que viajan, que viven, tienen proyectos, que caen y
se levantan, que tienen éxitos y reconocimientos; pero que la mayoría de su
tiempo pican piedra trabajando persiguiendo, confirmando y descartando
hipótesis.
Hoy las niñas no están condenadas a centrarse únicamente en
las curas, pueden hacerlo si lo desean, pero el horizonte puede ser más ancho.
Tenemos que empezar pronto, cuando todo está por hacer. Después podemos
encontrar más resistencias pero el trabajo nunca es en vano.
En este Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia, seguimos
trabajando para ser conscientes de esta posibilidad y hacerla posible hasta que
no haya que celebrar este día porque hayamos normalizado la situación de que
todos los humanos pueden hacer Ciencia y vivir de la Ciencia, si lo desean.
La imagen es de la Universidad de Málaga. Ilustra perfectamente nuestro texto y el espíritu del día y de todos los días.






