Un niño de altas capacidades curioso en clase de cualquier
curso de Primaria puede ser una como una bomba. ¿Cómo hacerlo para que no
pierda la curiosidad sin morir en el intento? Hoy veremos dos situaciones muy
habituales en las que se requiere el trabajo conjunto de la familia y la
escuela:
Situación 1
En clase nos encontramos con un niño hiperpreguntador. Una
pregunta tras otra, una mano siempre levantada (si hay una buena contención) y
en el peor de los casos preguntas esparcidas sin control; o preguntas que
sirven para concretar, ampliar o, incluso, despistar a los demás, porque él
relaciona desde lo que sabe, no desde lo que saben los compañeros. Ciertamente,
no es fácil de gestionar y dependerá mucho de la edad del niño.
Algunos detectan que sus preguntas no son siempre
bienvenidas (por los comentarios de los compañeros, la cara del maestro...) y
empiezan a reducir el número de preguntas hasta que no hacen preguntas.
Otros no se dan cuenta que sus preguntas distorsionan el
buen funcionamiento de la clase y continúan sin parar preguntando
constantemente y dando una imagen que les costará sacarse de encima.
Para que los primeros y los según mantengan su curiosidad sólo
necesitamos una libreta en la que anotar sus preguntas. (Tienen que saber
escribir, ésto lo facilita mucho). A medida que pasa la clase muchas preguntas
se van solucionando con la explicación o las actividades. Finalmente quedan
quizás dos o tres preguntas que no se han resuelto y pueden ser aquellas que se
lleva en casa para buscar la respuesta con los padres o hermanos mayores. Yo las
llamo “las preguntas de la nevera” porque van a una hoja que se cuelga con un
imán a la nevera de casa. A lo largo de la semana algunas se van tachando porque
pierden interés o se responden entre todos y quedan algunas para el fin de
semana. Puede ser el momento de resolverlas en familia.
Con este sencillo recurso conseguimos que aprenda un montón
de cosas:
1.- aprender a esperar (a algunos niños les cuesta mucho
aplazar la gratificación de la explicación o la respuesta, y éste es un buen
entrenamiento).
2.- aprender que hay cosas que en un momento parecen
imprescindibles y urgentes pero que el tiempo nos dice que no lo eran.
3.- aprender la importancia de construir buenas preguntas.
4.- aprender con los padres la manera de buscar información
(en los libros, con el ordenador, preguntando a otras personas...).
5.- aprender la satisfacción de encontrar respuestas.
6.- aprender que podemos satisfacer nuestra necesidad de
aprender sin que todos los compañeros lo sepan preservando nuestra imagen. Esta
reflexión la haremos cuando son mayores.
Situación 2
Cuando el maestro hace una pregunta al aire, en la clase,
sin receptor citado; algunos sienten la necesidad de responder sin dar tiempo a
pensar a los compañeros. Algunos no entienden porque no pueden dar rápidamente
la respuesta cuando ellos la saben... y aquí necesitamos un buen vínculo con el
maestro. El alumno debe hacer saber al docente que sabe la respuesta y el
maestro hacer la recepción de este mensaje y en ese momento inmediatamente baja
la tensión en el alumno y no necesita dar la respuesta en voz alta. Puede
anotarlo en la libreta, si lo desea. Podéis pactar que en esta situación no le
preguntarás el primero, pero si la clase no reacciona correctamente... sí el
tercero o cuarto. Con este recurso, conseguimos bajar la tensión del alumno
pero no tapar su curiosidad y ganas de aprender.
Ambos recursos requieren haberlos hablado antes. Explicado
qué haremos y por qué lo haremos. Lo podemos entrenar en frío. Necesitamos únicamente
una libreta y un lápiz que tendremos que tener siempre en la mesa o en el cajón
y que compartiremos para todas las materias. Habrá que hablar con el resto de
maestros. Algún día nos podemos interesar en cómo va esta libreta, qué tiene
anotado, cómo funciona el listado de la nevera... A partir de aquí iremos
ajustando según las necesidades de cada niño.
¡¡Atención!! Con la mejor de las voluntades un profesor le
dijo con un alumno de Cuarto que podía hacer dos preguntas cada día. Lo que
parecía una buena solución, en manos de un niño de altas capacidades fue
terrible. El niño nunca preguntaba a primera hora de la mañana pensando que si
había algo interesante por la tarde ya no tendría la posibilidad de hacer la
pregunta. El maestro pronto olvidó la propuesta pero para él era una carga cada
día. Observaba qué pasaba: cuántas preguntas había hecho, cuántas le quedaban.
Estaba más ocupado en esto que en lo que se decía clase o en lo que aprendía.
Su foco estaba en las preguntas y su rigidez le jugaba una mala pasada. Lo que
tenía que ser una solución se estaba convirtiendo en otro problema del que el
maestro no era consciente. Habían bajado sus preguntas a clase pero el maestro desconocía
el por qué. El acompañamiento de este niño afloró una situación que el maestro
no hubiera descubierto nunca.
En otros textos hemos hablado de la importancia de tener
unas sesiones de tutoría individualizada sistematizada para poder comentar
estas cosas de funcionamiento y mantener el vínculo. No tiene que ser mucho
rato. Pueden ser diez minutos semanas con alarma al inicio, a los ocho minutos,
y al final para optimizar el tiempo (ellos, si están a gusto lo eternizarían).
Es muy importante que preservemos sus ganas de aprender, son
un activo importante; pero no puede hipotecar las ganas de aprender del resto
de la clase. El equilibrio, no es fácil, pero es imprescindible.






