Si todas las Madres merecen un día, las Madres de los niños
y jóvenes con altas capacidades necesitarían como mínimo una semana o quizás un
mes.
Los niños nacen sin libro de instrucciones a pesar de que
hay muchísimos libros que hablan sobre crianza, pero... desde las primeras páginas
ya vemos que los niños de los libros y nuestro niño no se parecen en nada. Si
en todos los casos la maternidad es un salto al vacío, con tantas protecciones
como podamos encontrar, cuando hablamos de niños de altas capacidades las
situaciones nada habituales se multiplican.
Las altas capacidades no aparecen los tres, cinco, ocho o
doce años. Aparecen en el niño desde el nacimiento. Los padres que han
identificado sus hijos nos dan mucha información. Una madre recuerda la mirada
del niño en el momento de nacer, en el quirófano, acabado de llegar con
cesárea, como una mirada con intención. Otros hablan de su tono muscular muy
rígido cuando estaba solo, y muy blando en brazos del padre o de la madre.
Muchos hablan de muy poco tiempo de sueño infantil y nada de siestas. Otros hablan de una sonrisa
infantil con intención mucho antes de lo que prevé la tabla del pediatra. Hay
quienes hablan de primeras palabras poco habituales como agua o patata, o de
unas frases muy precoces formadas por todas las palabras necesarias mientras
que otros comentan que sus hijos tardaron mucho en hablar, algunos con visitas
a especialistas incluidas, que a pesar de que estaba claro que lo entendían
todo no dijeron una palabra hasta que en poco tiempo hablaron muy claro y con
expresiones completas y complejas, incluso con frases subordinadas. Recuerdan
niños con mucha memoria que podían recordar espacios poco habituales, “por aquí
se va a casa de los tíos pero nos costará encontrar aparcamiento porque no hay
parkings cerca”. También son capaces de repetir frases que escucharon en algún
momento pero siempre situadas dentro de un contexto correcto. Aquella niña que
después de acompañar a papá al mercado se sienta con los pies encima de un
taburete y dice como dijo un día la abuela: “he tenido un día terrible y tengo
las piernas muy cansadas”.
Muchas madres han sufrido pataletas muy intensas (con
público y sin él); malas palabras o golpes que se vuelven culpa en pocos momentos;
miedos imposibilitantes y situaciones que no han podido explicar a nadie como
los deberes hechos en dos minutos o el hecho de que sus hijos continúen
durmiendo en la cama de los padres cuando son muy mayores. Niños que no van al
lavabo en la escuela y que en casa tienen que abrir todas las luces incluso en
pleno día para poder ir. La tristeza infinita de sentirse diferente a todo el
mundo y el miedo de que nunca lo entienda nadie fuera de casa. Mil situaciones
de estos niños y jóvenes peculiares.
Pueden aparecer mil trabas pero estas madres siempre están
allí. A menudo con dudas o preocupadas por si estiran demasiado o demasiado
poco, sin interlocutor válido. Pero llega un momento en el que el mundo se
para: cuando el niño sonríe desde dentro... todo funciona y se ilumina la vida.
Las madres se resetean.
Sabemos que todos los santos tienen octava, que quiere decir
que les puedes felicitar en los ocho días siguientes. Y las madres no son una
excepción. Hoy jueves felicitamos a las madres de hijos con altas capacidades. !Qué
seáis muy felices hoy y siempre! y así ellos tendrán más posibilidades de
serlo.
No queremos dejar fuera a los padres que ejercen como tales.
Su función con estos niños, quizás es diferente según el tiempo que puedan
pasar con ellos, pero viven la misma situación, preocupación y felicidad cuando
sonríen. Aunque San José queda más lejos... Felicidades a los padres de hijos
con altas capacidades, que seáis muy felices hoy y siempre, y vuestros hijos
también tendrán muchas posibilidades de serlo.

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