lunes, 19 de octubre de 2026

Lunes 19 de octubre Un tabú muy extendido en la sociedad moderna: La muerte.

 

Hace muchos años la muerte sucedía en casa, se velaba en casa y los rituales de despedida empezaban en la propia casa. En la actualidad la mayoría de muertes pasan en los hospitales o en accidentes y las despedidas se hacen en tanatorios, unos espacios protectores que acompañan un luto contenido del cual a menudo se aleja a los niños.

Desde el momento de la concepción, la muerte es la única certeza que tenemos los seres vivos. Es un hecho individual y a la vez comunitario, porque nos afecta personalmente y como grupo, como seres sociales que somos. Independientemente de las creencias de cada cual es evidente que deberíamos integrar el proceso de pérdida en la vida. La muerte es la única certeza, pero aun así mucha gente no quiere hablar de ella, no quiere pensar en ella. Muchos hacen como la avestruz, esconden la cabeza y piensan que la muerte no les verá y pasará de largo de ellos y de su entorno más próximo... Spoiler, ¡no es cierto!

Los niños y niñas de altas capacidades disfrutan aprendiendo, pensando, descubriendo, infiriendo... partiendo de la observación, haciendo relaciones... Muchos niños llegan al tema de la muerte sin que haya un detonante directo (sin ninguna muerte próxima). Muchas madres sufren el momento de la pregunta directa: “Mamá, ¿tú te morirás?” Y ya sabemos que con ellos no sirven las mentiras ni las respuestas a medias y mucho menos rehuir las respuestas... La respuesta es clara: “Sí, hijo, me moriré. Espero que no será pronto, espero que ocurra dentro de muchos años...” Y la terrible pregunta: “Y yo, ¿también moriré?”. Quizás todavía no tiene cinco años pero la existencia es uno de sus grandes temas de pensamiento. Muchos no tienen filtro y lo notaremos cuando lleguen a casa la abuela y suelten... “aprovecha abuela, !que te queda poco tiempo!”. Suerte que tenemos abuelas que saben salir del paso con un “Ei, que yo ya llevo muy vivido, pero no tengo ganas de marchar. No sufras, ¡aprovecharemos hasta el final!”.

Cómo es el momento de la muerte, y que pasa después de morir... algunos hacen mil preguntas, otros reflexionan y buscan respuestas de mil maneras en el cine, el teatro, en los cuentos, en los documentales de naturaleza... Debemos responder siempre que preguntan pero no hay que ir más allá. Si necesitan más, nos lo dirán. Tienen que tener claro que nos pueden preguntar. No tenemos todas las respuestas pero las buscaremos juntos. La parte física es más objetiva, pero cuando entramos en la parte de las creencias hay que presentar las nuestras y explicar que en el mundo hay muchas explicaciones posibles. Las creencias son muchas y muy variadas: desde las religiones que tienen una visión lineal del tiempo como el islam, el judaísmo o el cristianismo; hasta las que tienen uno una visión cíclica del tiempo en el que aparecen las reencarnaciones como el budismo o el hinduismo. También debemos que tener en cuenta que otros piensan que la muerte es el final, un punto final, opinión muy frecuente en nuestro mundo dando lugar a despedidas laicas. Como siempre, con los niños de altas capacidades tenemos que poner la lupa en ellos; conocer sus necesidades, atenderlas y acompañarles.

Este tema, a veces, tal como llega...se va. Pero a diferencia otros este queda latente porque se irá completando y construyendo a partir de las pérdidas (no solo muertes) a lo largo de la vida. La parte cognitiva siempre es más sencilla. La pena de la pérdida, únicamente de pensamiento, puede hacer que se enganchen todavía más a las personas que quieren, o que hagan alguna regresión volviendo a la cama de los padres cuando ya habían marchado, o no queriendo separarse para hacer actividades que hasta ahora les gustaban... hay que observar sus reacciones y decisiones, los cambios que se produzcan sin hacer un problema. De inicio es una situación que tenemos que acompañar. Hay que mantener siempre abiertos los canales y momentos de comunicación sin convertirlo en el tema del mes. Será un tema que les acompañará siempre y deben aprender a vivirlo con naturalidad, sin dramas ni miedos que imposibiliten una vida plena. Su hipersensibilidad, su rigidez o la fuerte necesidad de control les pueden jugar en contra, pero para eso estamos los adultos que les queremos y los técnicos (en caso de que sean necesarios) para acompañarles.

Este sábado 17 de octubre pude participar en Barcelona en la Cuarta Jornada “Infancia, enfermedad y muerte en el ámbito educativo” en el Hospital de San Pablo organizada por la Fundación de Oncología Infantil Enriqueta Villavecchia. En ella, unos ponentes de primera línea y asistentes profesionales de la Medicina, Pedagogía, Psicología, Magisterio, Docentes, expresaron con sus experiencias que es imprescindible que este tema se trate con los niños y jóvenes para que estén preparados por la vida. Hablar de conciencia de mortalidad fue muy interesante sobre todo cuando se hace de manera preventiva, sin dramas ni miedos. La conciencia de mortalidad tiene que estar presente no únicamente cuando los hechos nos han desestabilizado. Y es cierto, hablar de la muerte prepara para la vida, y para una vida plena y consciente. No era una jornada específica para altas capacidades pero conecté con muchas personas y saqué muchas ideas para trabajarlas con ellos, ellas y sus familias.