Las excursiones de la escuela en Primaria crean una serie de
sensaciones y emociones a los niños y jóvenes de altas capacidades que, a menudo,
son difíciles de llevar...
Cuando se propone una excursión, el niño crea unas expectativas.
Aquel Museo, aquella actividad puede ser muy interesante para él. Ir a lugares
nuevos, hacer nuevas actividades, aprender cosas nuevas... Puede vivir un
primer tiempo de ilusión.
Pero llega un segundo tiempo en el que aterrizan, y mezclan esa
ilusión con experiencias anteriores. La elección de un compañero para hacer las
parejas para la fila y para el autocar. Algunos preferirían ir solos, otros
saben que no serán escogidos por quienes quisieran, y otros que se animan a dar
el primer paso reciben un “no, yo no quiero ir con él o ella”. Otros acaban con
los que no escoge nadie. Hay mil situaciones, tantas como personas.
Y llega el día. Vamos al Museo, a hacer la actividad... Sus
expectativas son altas y cree que se lo pasará bien y aprenderá cosas nuevas. Y
de golpe, un baño de realidad. Actividad para su edad, no para sus ganas de
aprender, algunos acaban expresando que “hacen cosas de pequeños”, que no hacen
nada nuevo ni diferente. Acaba la actividad o la sesión y él tiene la sensación
de no haber aprovechado el tiempo.
Y desayunamos o almorzamos, jugamos y volvemos a la escuela.
Muchos alumnos vuelven contentos y satisfechos de la
excursión. Él se camufla con el grupo pero cuando llega a casa es el momento de
explicar como lo ha vivido de verdad. Puede ser que a él no le haya gustado la
compañía en el autocar, expresa que había alumnos que gritaban (en un túnel), o
cantaban, o ponían música que a él no le gusta a un volumen demasiado alto para
él. Cuándo han llegado al lugar han tenido que esperar mucho de tiempo fuera de
la instalación (él lo ha vivido así) y hacía frío, o calor, o viento... Cuando
por fin han podido entrar, la persona que llevaba el grupo les hablaba con una
teatralidad excesiva que a todos los alumnos les ha parecido acogedora menos a
él. Finalmente ha considerado la actividad para “pequeños”. Ha habido dos cosas
interesantes pero han pasado por encima. Tenía preguntas pero él sabía que no
era el momento. Todos los alumnos tenían ganas de acabar la actividad y salir a
jugar un rato. Él se ha quedado con las preguntas. Parece una lista de
agravios... Aquella salida que podía ser un motivo de nuevos aprendizajes se
convierte, de nuevo, en una decepción.
¿Qué podríamos hacer en esta situación? ¿Que podríamos
proponer desde la escuela?
Empezaremos con una tarea de tutoría que deberíamos tener ya
en marcha. Un tiempo para hablar y
escuchar lo que nos dice. Proponemos al alumno un tiempo y un espacio para
hablar sobre las excursiones en la escuela, saber qué piensa y si ha pensado en alguna propuesta
para aplicar.
No se trata de hacerles un traje a medida. No hay que evitar
todas las cosas que puedan vivir como incomodidad. Es importante que sean capaces
de adaptarse a las situaciones pero iremos trabajando las diferentes
situaciones por orden de prioridad.
Otra salida que les suele rechinar a los niños y niñas de
altas capacidades son las salidas al teatro para ver obras de teatro en inglés.
Bien porqué tienen facilidad o porque han participado en actividades
extraescolares de inglés, su nivel es más alto que el de la clase. Por eso, ir
al teatro, para ellos, no es una opción apasionante porque ya se ha trabajado
el argumento y preparado el vocabulario en el aula además de estar por debajo
de su nivel. Para ellos la propuesta podría ser no únicamente ver la
representación sino trabajar la dramaturgia, la escenografía, la adecuación en
su nivel (añadir vocabulario y expresiones) o directamente ir al teatro con
grupos superiores pero de su nivel de inglés. Todo tiene pros y contras, pero
hay que pensar en atender sus necesidades.
Podéis pensar en ello... en otro post, más adelante, os
daremos algunas propuestas.

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