jueves, 30 de abril de 2026

Jueves 30 de abril El tiempo de espera en el aula.

 

Si se pudiera hacer un estudio del verbo que más escuchan los alumnos de altas capacidades de todas las edades estoy segura de que es el verbo esperar en cualquier de sus formas.

Es la acción a la que dedican más tiempo a lo largo de su escolarización y en muchos casos los docentes no son conscientes: ni del hecho, ni de sus efectos.

Hoy os explicaré dos anécdotas recientes y una de hace unos años, de cómo viven tres chicos esta realidad.

El primero es un chico de Cuarto de Primaria que vuelve a salir de la escuela cada día con la mano y el brazo izquierdo pintado con bolígrafo. Son letras, dibujos, a veces hasta con sombras que pinta cuando se aburre. Él considera que la clase está parada o en velocidad muy lenta durante mucho tiempo. Antes se levantaba y paseaba por la clase, iba a buscar cosas que no necesitaba a la chaqueta, iba a pedir objetos innecesarios a compañeros o sencillamente se levantaba a tirar un papel o a hacer punta al lápiz. Ahora ya ha aprendido que esto no está muy visto en el aula y ha aprendido a estar quieto, pero en el fondo... no sabe. Ya no se levanta, pero cuando estos tiempos son demasiado largos para él, no puede evitar coger el boli y pintarse la mano y el brazo. En invierno no se ve tanto y sólo lo saben la madre y él, pero con la llegada de la primavera y la manga corta es muy evidente. Aun así, ahora tiene un maestro sustituto desde hace tres semanas y no le ha hecho ningún comentario al respecto.

Continúo con otro chico, esta vez de Primero de la ESO. En clase de inglés, generalmente muy fácil y lenta para él, hoy le ha caído una incidencia. Cuándo ha acabado el ejercicio que había propuesto la profesora los compañeros todavía no habían acabado, y él ha considerado aprovechar el tiempo para hacer los ejercicios que habían puesto de deberes en la clase anterior. Su explicación es que las normas no las pone alguien que está eternamente esperando... Él entiende que si hubiera tenido un comportamiento disruptivo: cantar, gritar, hacer ruido, levantarse... la profesora le llamara la atención pero estaba haciendo trabajo en silencio, y la tarea que ella había propuesto estaba hecha y bien hecha... acepta la incidencia pero ¡no lo puede entender!

El tercer caso es de un niño de Tercero de Primaria que cada vez que la maestra dice que este ejercicio, generalmente un problema de matemáticas, “lo haremos entre todos” automáticamente levanta la mano y pide permiso para ir al baño. Es una técnica. Cuando sale pasea por la escuela: va a la clase de los de infantil, pasea por el patio, va al baño y finalmente vuelve al aula. Y siguen allí mismo, porque él sabe que es el momento que la maestra dedica a preguntar a los que no lo saben hacer solos, a los que más les cuesta. Está muy bien, pero mientras tanto ¿él tiene que estar escuchando y esperando? ¿Tiene que estar quieto y mirando?

“Espera,

- que estoy explicando (por tercera, sexta o enésima vez),

- que lo entiendan todos,

- que corrijamos el ejercicio entre todos,

- que hagamos más ejercicios (idénticos o muy iguales),

- que repitamos paso a paso,

- que repasemos después de las vacaciones,

- que hagamos trabajo por parejas,

- que hagamos un trabajo cooperativo...”

Y todo esto está muy bien, porque es necesario para que la clase avance pero, es imprescindible que esperen o puede haber un plan B. Algunos, ante toda esta espera desconectan o se vuelven disruptivos, otros son políticamente correctos y se mantienen en clase cargados de paciencia porque es su obligación, otros empiezan políticamente correctos pero se van descafeinando con el tiempo. El tiempo de espera se los come y pierden la ilusión de volver a una buena velocidad de aprendizaje. Cambio el adjetivo, una velocidad de aprendizaje adecuada a sus capacidades.

Nuevamente un detalle que requiere una reflexión seria y una acción firme en el aula. Del mismo modo que hay alumnos que requieren varias explicaciones para entender un concepto los hay que ya los saben antes de que lo empecemos a ver en el aula. Estos alumnos merecen poder concretar y aplicar mientras el resto va adquiriendo estos nuevos conocimientos o procesos. Proponer trabajos de ampliación o profundización es un recurso muy interesante para estos alumnos. Tener un dosier que puedan sacar cuando noten esta sensación de espera es muy efectivo porque son ellos quienes tienen que tener la posibilidad cuando lo necesiten. Este pequeño dosier puede ser de temas transversales o de lo que estamos viendo en el aula. Sólo tienen que pedir permiso visual al docente para sacar el dosier y continuar trabajando y escuchando la clase como quien escucha la radio. Es un proceso que pueden hacer todos los alumnos de alto rendimiento, no únicamente los de altas capacidades. No son los únicos que esperan pero lo sufren y a veces acaban buscando salidas que no les favorecen y que pueden derivar entre la disrupción y el abandono pasivo.



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