Hoy es Sant Jordi, una fecha señalada de forma especial en la memoria emocional de todos los catalanes. Me pasé cincuenta años preparando la Feria del Libro y Rosa en la escuela. Primero ayudando a mamá y después yo sola (con colaboración siempre). Sobre el 15 de abril llegaban un montón de cajas de libros que había que puntear, separar por edades y poner precios. Otros se encargaban de la decoración y de la logística (mesas, sillas, tiquets, cajas, música...). Preparábamos el horario para que las familias pudieran disfrutar con sus hijos de la visita a la Feria y de revolver para encontrar ese libro adecuado. Había actividades paralelas, era un día de clases especiales: los Juegos Florales, hacer nuestro libro, el punto de libro, el Diario de Sant Jordi, la Gimcana de las letras... Los últimos quince años, el sábado anterior, representamos “La Leyenda de Sant Jordi” con los alumnos de Tercero de Primaria en el Festival de Primavera. Allí; en la Escola del Carme, de la calle Tapioles, y en Menéndez, en la calle Sinaí; descubrí el valor de la sonrisa de complicidad de Sant Jordi. Debo decir que en la escuela sonreíamos mucho, pero la sonrisa del día de Sant Jordi era especial. Aún tengo por casa cientos de fotos de familias: madres, padres, abuelos, tíos, hermanos mayores que nos acompañaban por Sant Jordi... ¡Cuántos recuerdos! Pero terminado el horario escolar tocaba la parte más pesada: preparar la devolución que me acostumbraron a hacer el mismo día porque si no se eternizaba. Habíamos llegado a las siete de la mañana y salíamos a las diez de la noche, si todo cuadraba...
Hasta el año 2012, sólo conocí el Sant Jordi de la escuela y
lo que contaban en la tele. El 2013 fue un annus horribilis, terminaba el curso
de “las primeras veces sin”. Descubrí, a la fuerza, que había un mundo más allá
de la escuela. Había escritores que firmaban libros, gente en la calle, puestos
por todas partes, libros, rosas, banderas... Y vi que aquella sonrisa que tan bien
conocía se extendía por todo el territorio. ¡Qué maravilla! Y desde entonces,
elijo con cuidado a los autores: Luis Rojas Marcos, Francesc Torralba, Ramón
Gener, Carles Capdevila, Xavier Sala Martí, Cristian Olivé, Teresa Baró, David
Bueno, 72 kilos, Lolita Bosch, Eva Bach, Miquel Pucurull, Màrius Serra, Andreu
Buenafuente, Oriol Mitjà, Xavier Grasset, Tona Pous i Vilalta, Marian Rojas
Estapé, ... tengo libros dedicados de cada año que he leído con deleite antes
de llegar el mes de mayo.
Hemos tenido de todo. Mayoría de días espléndidos, pero
también un año de lluvias horrorosas, algún día de ventolera pero la ilusión de
todos puede más que la meteorología. Todo el mundo sale a la calle... y siendo
día laborable, tiene mucho mérito. Sabemos encontrar el momento.
Este año, añado la visita a edificios con puertas abiertas: el
Ayuntamiento, la Generalitat con concierto de carillón incluido, la Diputación,
el Palau Güell... y también algún rato de radio en directo. No me perderé la Feria
en el Paseo de Gracia. La firma escogida este año es la del Oscar Andreu que ha
escrito “Manual en defensa del català” con un subtítulo que vale la pena pero
lo tendréis que buscar y traducir...
Hoy veremos a caballeros orgullosos llevando rosas. Una
figura que desaparece de nuestras calles el resto de días del año. Y
nuevamente, ¡sonrisas de complicidad!
Si nunca has vivido un Sant Jordi en Barcelona o en
cualquier población catalana no te lo puedes perder. Márcalo en el calendario y
haz una escapada el próximo año. Si estás muy lejos, has de saber que los
Casals Catalanes de todo el mundo mantienen las tradiciones, por eso hoy en
Buenos Aires, en Nueva York o Amsterdam también será Sant Jordi.

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